martes, 16 de agosto de 2016

LA CENA SECRETA, de Javier Sierra

Existen lecturas que a uno le marcan, le dejan señalado no solo como lector, sino incluso también como autor. Ese tipo de novela que encaja con tu género predilecto, pero que más allá de envolverte con su lectura, te impacta, te llena, y sin quererlo te encuentras con que tiene algo, en lo conceptual, en su desarrollo, que coincide con rotundidad con lo que uno imagina escribir, con lo que desearía leer.

Amamantado por Julio Verne y Emilio Salgari, crecido a la sombra del mejor Stephen King (no el de ahora), adorador de la nueva novela negra de Verdon, Locke, Paretsky (aunque su obra viene de lejos comparada con los dos primeros)..., amante de la Lisbeth Salander de Larsson, y al cobijo de tantos grandes autores y sus obras, eran dos (y digo bien, eran) las novelas que hasta ahora me habían marcado, y de las que Hijos de Alcant recoge algo en mayor o menor medida en su génesis. Por un lado El Ocho, de Katherine Neville (una obra maestra de la cual nosotros recogemos la idea de la alternancia de épocas en la narración) y El Código Da Vinci de Dan Brown (aunque soy más de Ángeles y Demonios), que influyó un tanto en la idea de crear una trama religiosa en la que la verdad y a ficción se mezclaran dando verosimilitud a la aventura. No nos equivoquemos, no hablo de la verosimilitud del Código Da Vinci, donde Brown se limitó a crear una historia apoyándose en datos reales, y otros no tanto a los que giró lo suficiente para mezclar con el argumento. Fue todo lo que se creó a su alrededor, la polémica avivada desde la misma iglesia y estúpidos ortodoxos que se empeñan en ver un tratado teológico en lo que es simplemente una gran aventura narrativa, los que se empeñaron en analizar desde otras perspectivas y poner en duda (cojonudo que aquellos que no pueden demostrar la veracidad de sus creencias, quienes discutan una novela de ficción para darse credibilidad) lo que para mi es solo, como lector, una vibrante aventura.

Vale que Dan Brown puso de su parte (está claro que la iglesia es un objetivo recurrente en algunos de sus escritos, y que no sale bien parada nunca) y se subió, dejándose llevar por el carro de la polémica, como haría todo autor en un mundo en que la promoción literaria está escuetamente reservada a los grandes,y la mayor de las veces brilla por su ausencia. ¿Resultado? 80 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. ¡Toma ya! Estoy por enviar un ejemplar de nuestro trabajo al Vaticano, o al Rouco Varela ese...

¿A qué viene esta introducción y pequeña comparativa? A que entonces apareció el tercer libro en cuestión, La Cena Secreta de Javier Sierra.




Sinopsis

La corte papal de Alejandro VI recibe una serie de cartas anónimas en las que se denuncia a Leonardo Da Vinci por herejía en su Última cena. Fray Agustín Leyre, inquisidor dominico experto en la interpretación de mensajes cifrados, es enviado sin demora a Milán para supervisar los trazos finales que el maestro está dando a la obra y tratar de descifrar la clave que se esconde en la última de las cartas recibidas.

Como ya he comentado en alguna ocasión, tenía una deuda con Sierra ( bueno, teníamos, porque Sonia como yo, admiramos su sabiduría, aunque en casos como el de Javier tal  vez debamos hablar de infinita curiosidad, locuacidad, forma de contar las cosas y saber llegar al oyente (seguidores acérrimos de sus intervenciones en los programas milenarios de Iker Jimenez, Noche en Vela, Más Allá de la Realidad, conferencias, etc...) que creo haber saldado, solo en parte porque engancha, con la lectura continua de Roswell Secreto de Estado, El Ángel Perdido, El Maestro del Prado, La Dama Azul y La Cena Secreta (Sonia tiene ya en su estante El Ángel Perdido y La Cena Secreta, preparados). Del Ángel Perdido ya he hablado aquí, y debo decir que la Dama Azul me encantó, pero La Cena Secreta señores, eso es otro nivel.

Vuelvo a la recurrente comparativa entre Brown y su Código, y Javier y su Cena. Como sabéis quienes nos hayáis leído (y los que no hay tenéis las reseñas para saber lo que os estáis perdiendo) nos encanta fundir la realidad con la ficción, y aunque en Alcant derivemos más hacia la fantasía, procuramos que cuando el lector entre en el libro todo le sea coherente, creíble (hasta un límite dado lo que narramos) buscando en el lector ese "¿por que no?" y procurando que lo fantástico se torne lógico en la lectura. Somos recurrentes en cuanto ala religión, pero creo que somos muy cuidadosos y respetuosos. Al fin y al cabo nos basamos en la literalidad de la biblia y dejamos que cada cual opine, pudiendo tener cada bando razón. Y ahí encontramos la primera diferencia, Javier no necesita la polémica en ninguno de sus libros. Si en la Cena Secreta hubiese buscado más polémica con algunos de los temas que trata, que tenía varios a mano, hurgando en la iglesia o jugando de otra forma con la historia, manipulandola (ojo, repito que todo autor tiene esta libertad cuando crea una obra de ficción) igual los 80 de Brown se quedaban en nada en la comparación. Pero no hace falta, no lo necesita. Sierra crea una novela que encaja navegando entre la investigación y la historia no de una forma sutil, no, para nada, más aún, simplemente perfecta.

El sueño de todo autor es crear una obra donde el lector no pueda percibir dónde se produce la escisión entre la realidad y la ficción, lo histórico o lo inventado, lo que estaba allí antes y lo que ha aportado el autor ahora. Sierra lo consigue con La Cena Secreta, donde el lector tiene en todo momento la sensación de estar siendo testigo, espiando por una pequeña rendija, de una parte desconocida, misteriosa y oscura, de la historia de la humanidad. Nos traslada a la edad media (joder, como nos gusta esa época) y convivimos con naturalidad con esos personajes que nos han llamado la atención e inundan los libros de historia, pero conociendo sus entresijos, sus inquietudes, sus motivaciones a la hora de ser quien eran y hacer lo que hacían.

Un argumento memorable, que va encajando a la perfección desde su inicio hasta su genial conclusión, descubriéndonos uno de los enigmas (dentro de todos los que sin duda completan a ese genio de la humanidad y de las artes) más recurrentes de Leonardo Da Vinci, ¿por qué y para que pintó La Última Cena? ¿Por qué lo hizo de manera tan diferente a la que se estilaba entonces? ¿Por qué su pintura rehuía de recurrentes y casi obligatorios símbolos religiosos ortodoxos que fueron sustituidos por otros no reconocibles para la propia iglesia? ¿Qué quería decirnos?

Un inquisidor intentando descubrir la posible herejía (que el propio artista anuncia a modo de reto) que Leonardo va a incluir en la obra, y cuya conclusión de ser cierta pudiera llevarle delante del Santo Oficio para ser juzgado, nos llevará a una trama donde la pureza de la creencia y los intereses canónigos se verán enfrentados en un tiempo donde la injerencia de la iglesia iba más allá de la imposición de la fe, hasta incluso el control y gran influencia sobre las cortes. Religión y arte enfrentados en sus intentos de hacer llegar un mensaje diferente, unos tratando de imponer y preservar su status quo, y otros velando una realidad que no puede mostrarse integra por el riesgo vital que supondría. Antes de que el hombre aprendiera a leer y escribir, que la educación y la cultura fuese accesible, el mundo se conducía y reconocía por símbolos, símbolos e imágenes cuya lectura hemos perdido en el tiempo ante la comodidad del acceso fácil a la información. Hubo un tiempo en que los mensajes el pueblo los leía en las obras de arte en las iglesias, en las estatuas... Precisamente de uno de esos mensajes nos hace partícipes Javier Sierra en una novela donde intuyo, solo intuyo porque no lo sé con seguridad, que puede que haya ALGO de ficción.

Porque a mi, no se si por mi mismo o por su habilidad para sumergirnos en la trama, embelesarnos con la historia y hacernos partícipes de la misma al rodearnos de tanto personaje real e historia conocida, me encaja todo a la perfección.

Si a nosotros escribir y documentarnos nos llevó un tiempo indecible (5 años y medio las dos novelas teniendo en cuenta que hay que ocuparse del resto de nuestras vidas si queremos sobrevivir) no quiero ni pensar la inmensa labor de investigación, y lo que lo habrá disfrutado, que tenía detrás este trabajo (al igual que La Dama Azul, porque el Ángel Perdido tiene un toque más fantástico y por ello más libertad), además de una imaginación descomunal para crear una obra tan genial.

Mi reino por una charla con Sierra!!!

Si te gusta leer, más allá de géneros predilectos, la historia, la romántica edad media, la novela de investigación, los trabajos coherentes, las tramas bien urdidas, todo aquello que no sean Orcos, Elfos, y esas cosas... no te pierdas La Cena Secreta ( y si ya te animas con Hijos de Alcant, satisfacción garantizada para todos, pero primero para el importante, el lector)

Un abrazo amig@s.